lunes, 26 de marzo de 2012

Discursos sobre el relativismo - parte 2

En esta segunda parte sobre la cuestión del relativismo, comparto con ustedes las palabras del presidente de Francia Nicolás Sarkozy, el cual no es santo de mi devoción, pero debo reconocer en su discurso de asunción el tono chocante, casi obsceno, propio de un político moderno. Quizás por lo políticamente incorrecto, es más esclarecedor a la hora de definir la forma que ha tomado el relativismo fundamentalmente en los sectores de la izquierda progresista.


Quiero remarcar, por eso hago incapié, que compartiendo estas palabras de Sarkozy no pretendo tomar partido políticamente. Este discurso es simplemente una descripción harto gráfica sobre la esencia relativista del progresismo europeo, esencia que también se manifiesta no sólo en otras fuerzas del espectro político-partidario, como la derecha, sino también en instituciones y centros de poder mundial. 

En cuanto al tema en cuestión, quisiera realizar algunas observaciones personales. 


En primer término el progresismo -entendiéndolo a éste como un conjunto de ideas que apuntan a ampliar las libertades individuales, asociadas con el pensamiento liberal-, si bien no ha ganado la batalla de la economía, ha ganado claramente la de la cultura. Casi podríamos decir que existe un status quo en el cual la derecha y la izquierda se ocupan de la economía y la cultura respectivamente y, ciertamente, conviven muy bien. Por ello, generalmente en el discurso considerado "políticamente correcto" predominan los postulados progresistas y relativistas, ponerse duro en el discurso hoy en día no es una buena estrategia para ser popular. Es así entonces como esta visión holista -que goza de gran difusión en los medios de comunicación- gana terreno en las consciencias y genera opiniones y conductas políticas y sociales bien definidas.

La visión del mundo del relativismo lleva a mi entender, por su naturaleza liberal, al desprestigio, el descrédito y la condena de ideas e instituciones que sostienen verdades o valores universales que creen fundamentales para el progreso de la humanidad y el bienestar el hombre. Es así entonces como se relativizan los conceptos de bien y de mal, y con ello el de -por ejemplo- buen o mal ciudadano, buen o mal padre o buen o mal amigo. Para el pensamiento relativista todo es lo mismo, y por ello todo se encuentra relativizado: un político puede volverse un empresario gracias a la política -y quizás, por qué no, corrupto-, pero no valen las condenas porque ¿de qué principio se valen los denunciantes, cuando lo correcto y lo incorrecto son cuestiones relativas?

Vale lo mismo para cumplir un trabajo determinado y puntual alguien que se ha profesionalizado a lo largo de la vida como un improvisado; los jóvenes desconocen (más allá de que sea legítima o no, pero no la consideran) la autoridad familiar dentro del hogar; la sociedad rechaza la autoridad de las fuerzas de seguridad porque consideran todo orden obstáculo a las libertades individuales, se pierde el respeto y por consiguiente el cuidado de lo público, desde los lugares históricos o conmemorativos hasta el transporte y los servicios, que sufren del vandalismo, y ningún orden puede aplicarse aquí, porque sería "antipopular", como lo es cuando nuestros padres nos mandaban a dormir sin cenar.

El orden, la moral y la ética no son valores populares ni reditúan beneficios de ninguna naturaleza en el corto plazo, por eso la política moderna apunta al goce inmediato que les significa popularidad. Por ello, ningún político se atreve a hacer juicios de valor, la filosofía política ha muerto. Ya nadie intenta descifrar qué es lo justo y qué es lo injusto, qué es lo bueno y qué es lo malo, como hacían los antiguos. En la visión imperante todo debe ser analizado acríticamente y ateniéndose a las cifras y estadísticas, el modelo de las ciencias naturales es el que rige el pensamiento político.

Es por todo esto que comparto estas palabras del discurso de asunción del mando de Nicolás Sarkozy, espero sean esclarecedoras.




"Hemos derrotado la frivolidad y la hipocresía de los “intelectuales progresistas''. Es el pensamiento de aquel que lo sabe todo, que condena la política, mientras la practica.

Nos habían impuesto el relativismo. La idea de que todo es igual, lo verdadero y lo falso, lo bello y lo feo. Nos hicieron creer que la víctima cuenta menos que el delincuente. Que la autoridad estaba muerta, que las buenas maneras habían terminado.


Que no había nada sagrado, nada admirable. El eslogan desde mayo del 68 en las paredes de la Sorbona: “Vivir sin obligaciones y gozar sin trabas”. Quisieron terminar con la escuela de excelencia y del civismo.


Asesinaron los escrúpulos y la ética. Una izquierda hipócrita que permitía indemnizaciones millonarias a los grandes directivos estatales y el triunfo del depredador sobre el emprendedor. Esa izquierda está en la política, en los medios de comunicación, en la economía. Le ha tomado el gusto al poder.


Dejaron sin poder a las fuerzas del orden y crearon una frase: “Se ha abierto una fosa entre la policía y la juventud”. Los vándalos son buenos y la Policía es mala. Como si la sociedad fuera siempre culpable y el delincuente, inocente.

Defienden los servicios públicos, pero jamás usan un transporte colectivo. Aman tanto la escuela pública, pero sus hijos estudian en colegios privados. Dicen adorar la periferia y jamás viven en ella. Firman peticiones cuando se expulsa a algún “ocupa”, pero que no aceptan que se instalen en su casa.

Esa izquierda que ha renunciado al mérito y al esfuerzo, que atiza el odio a la familia, a la sociedad y a la República. Esto no puede ser perpetuado en un país como Francia y por eso estoy aquí. No podemos inventar impuestos para estimular al que cobra del estado sin trabajar."

Nicolás Sarkozy.

martes, 6 de marzo de 2012

Discursos sobre el relativismo - parte 1


Comparto en esta ocasión con ustedes la magistral Homilía de Benedicto XVI en Bellahouston Park, Glasgowen, Escocia, en la cual se refiere a lo que él define como la "dictadura del relativismo", quizás el mayor problema ético de nuestro tiempo. Antes de compartir este documento y a modo de introducción, quisiera definir el concepto de relativismo y su uso.

Etimológicamente hablando, la palabra relativismo esta formada por el prefijo latino re- (hacia atrás, reiteración), la raíz -lat- (llevar, ver. Ej: relatar), el sufijo latino -ivo- (relación activa o pasiva) y el sufijo griego -ismo- (doctrina). Es decir, es una palabra creada -un morfema- constituido por prefijos y sufijos latinos y griegos. Como no refleja unidad la palabra, tampoco evoca unidad su concepto, ya que no tiene una posición a favor o en contra de algo.


Según el diccionario de la Real Academia Española, relativismo puede definirse como "la doctrina según la cual la realidad carece de sustrato permanente y consiste en la relación de los fenómenos"; es decir, el concepto de relativismo se basa en la idea de que no hay normas, principios o cuestiones que sean universales para todas las sociedades o todos los individuos, es decir, cosas que en nuestra sociedad tienen una carga valorativa negativa en otras puede ser algo positivo, como por ejemplo ciertas practicas religiosas, políticas, sexuales, etc.


El relativismo en todas sus formas siempre busca el cambio, ya que ataca a lo establecido e incuestionable al considerarlo, valga la redundancia, relativo. Es así entonces como lo bueno y lo malo es relativo, porque depende de la subjetividad de cada persona o sociedad. Un ejemplo extremo puede ser el canibalismo, condenado por nuestra sociedad pero admitido por otras. Y aquí entramos en un serio problema ético. Si no podemos diferenciar lo bueno de lo malo, ¿cómo progresa una comunidad?. En este sentido, caer en el relativismo es caer en la nada y en la miseria conceptual. En la búsqueda de una definición de lo que es bueno y malo para una comunidad, el relativismo resulta un escollo en cuanto al análisis filosófico y más que nada político, ya que relativizar es vaciar de sentido, no tomar posición y por ende no poder realizar críticas de ninguna naturaleza. 


La política necesita hacer, es pragmática por naturaleza, y la doctrina relativista realmente le dificulta esta tarea; no en cuanto a la construcción de poder -para lo cual el relativismo es muy útil- sino para la visión de la política como misión de una comunidad que establece un rumbo a seguir, fijando así la responsabilidad de un Estado que debe tomar decisiones teniendo siempre en mente lo que es bueno para la ciudadanía.


En mi visión, y basándome no sólo en los tiempos actuales sino en los pasados, creo que el relativismo es un obstáculo para el progreso y el bienestar de los pueblos. Es decir, el relativismo en política, ya que el relativismo a nivel personal de cada individuo no es el objeto de este estudio.

Ya Platón en su libro "la República" advierte sobre el peligro de este relativismo basado en el exceso de libertades que produce, en el pueblo, el deseo de un orden violento que venga a restaurar algún tipo de autoridad. Cito brevemente:

"El padre se acostumbra a tratar a su hijo como igual y a temer a sus hijos; el hijo se iguala con su padre y no tiene más respeto ni temor por sus padres porque quiere ser libre (...) El maestro teme y elogia a sus alumnos, y los alumnos se burlan de sus maestros, como así también de sus gobernantes. En general, los jóvenes van parejos con los viejos  y luchan contra ellos con palabras y acciones. Los viejos, por su parte, para complacer a los jóvenes, se vuelven bromistas y agradables y los imitan para no tener el aire disgustado y despótico (...) Tal es, pues, si no me engaño, el bello y seductor comienzo de la tiranía: de la extrema libertad nace la servidumbre más completa y más atroz". Platón, La República, VIII, 563a. 564a.

En rigor, la cuestión del relativismo merece un profundo análisis y por ello he decidido recopilar discursos al respecto, los cuales iré compartiendo con comentarios y análisis propios para guíar el estudio a una conclusión definitiva.

Sin más, comparto las palabras del S. S. Benedicto XVI.





SANTA MISA
HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
Bellahouston Park - Glasgow
Jueves 16 de septiembre de 2010

Queridos hermanos y hermanas en Cristo
“Está cerca de vosotros el Reino de Dios” (Lc 10, 9). Con estas palabras del Evangelio que acabamos de escuchar, os saludo a todos con gran afecto en el Señor. En verdad, el Reino de Dios está ya entre nosotros. En esta celebración de la Eucaristía, en la que la Iglesia en Escocia se congrega en torno al altar en unión con el Sucesor de Pedro, reafirmemos nuestra fe en la Palabra de Cristo y nuestra esperanza en sus promesas, una esperanza que nunca defrauda. Saludo cordialmente al Cardenal O’Brien y a los Obispos escoceses. Agradezco particularmente al Arzobispo Conti sus amables palabras de bienvenida de vuestra parte y expreso mi profunda gratitud por el trabajo que el Gobierno británico y escocés y las autoridades municipales de Glasgow han llevado a cabo para que fuera posible este encuentro.
El Evangelio de hoy nos recuerda que Cristo continúa enviando a sus discípulos a todo el mundo para proclamar la venida de su Reino y llevar su paz al mundo, empezando casa por casa, familia por familia, ciudad por ciudad. Vengo a vosotros, hijos espirituales de San Andrés, como heraldo de la paz y a confirmaros en la fe de Pedro (cf. Lc 22, 32). Me dirijo a vosotros con emoción, no muy lejos del lugar donde mi amado predecesor el Papa Juan Pablo II celebró la Misa con vosotros, hace casi treinta años, recibido por la multitud más numerosa que jamás se haya visto en la historia de Escocia.
Muchas cosas han ocurrido en Escocia y en la Iglesia en este país desde aquella histórica visita. Compruebo con gran satisfacción que la invitación que el Papa Juan Pablo II os hizo para caminar unidos con vuestros hermanos cristianos, ha producido mayor confianza y amistad con los miembros de la Iglesia de Escocia, la Iglesia Episcopal Escocesa y otros. Os animo a continuar rezando y trabajando con ellos en la construcción de un futuro más luminoso para Escocia, basado en nuestra común herencia cristiana. En la primera lectura de hoy, hemos escuchado el llamamiento de San Pablo a los romanos a que reconozcan que, como miembros del Cuerpo de Cristo, nos pertenecemos los unos a los otros (cf. Rm 12, 5) y debemos convivir respetándonos y amándonos mutuamente. En este espíritu, saludo a los representantes ecuménicos que nos honran con su presencia. Este año se conmemora el cuatrocientos cincuenta aniversario de la Asamblea de la Reforma, y también el centenario de la Conferencia Misionera Mundial en Edimburgo, que es considerada por muchos como el origen del movimiento ecuménico moderno. Demos gracias a Dios por la promesa que representa el entendimiento y la cooperación ecuménica para un testimonio común de la verdad salvadora de la Palabra de Dios, en medio de los rápidos cambios de la sociedad actual.
Entre los diferentes dones que San Pablo enumera para la edificación de la Iglesia está el de enseñar (cf. Rm 12, 7). La predicación del Evangelio siempre ha estado acompañada por el interés por la palabra: la palabra inspirada por Dios y la cultura en la que esta palabra echa raíces y florece. Aquí, en Escocia, pienso por ejemplo en las tres universidades fundadas por los papas durante la edad media, incluyendo la de San Andrés, a punto de celebrar el sexto centenario de su fundación. En los últimos treinta años, con la ayuda de las autoridades civiles, las escuelas católicas en Escocia han asumido el desafío de brindar una educación integral a un mayor número de estudiantes, y esto ha ayudado a los jóvenes no sólo en su camino de crecimiento espiritual y humano, sino también en su incorporación a la vida profesional y pública. Se trata de un signo de gran esperanza para la Iglesia, y animo a los profesionales católicos, a los políticos y profesores de Escocia a no perder nunca de vista que están llamados a poner sus talentos y su experiencia al servicio de la fe, trabajando por la cultura escocesa actual en todos sus ámbitos.
La evangelización de la cultura es de especial importancia en nuestro tiempo, cuando la “dictadura del relativismo” amenaza con oscurecer la verdad inmutable sobre la naturaleza del hombre, sobre su destino y su bien último. Hoy en día, algunos buscan excluir de la esfera pública las creencias religiosas, relegarlas a lo privado, objetando que son una amenaza para la igualdad y la libertad. Sin embargo, la religión es en realidad garantía de auténtica libertad y respeto, que nos mueve a ver a cada persona como un hermano o hermana. Por este motivo, os invito particularmente a vosotros, fieles laicos, en virtud de vuestra vocación y misión bautismal, a ser no sólo ejemplo de fe en público, sino también a plantear en el foro público los argumentos promovidos por la sabiduría y la visión de la fe. La sociedad actual necesita voces claras que propongan nuestro derecho a vivir, no en una selva de libertades autodestructivas y arbitrarias, sino en una sociedad que trabaje por el verdadero bienestar de sus ciudadanos y les ofrezca guía y protección en su debilidad y fragilidad. No tengáis miedo de ofrecer este servicio a vuestros hermanos y hermanas, y al futuro de vuestra amada nación.
San Ninián, cuya fiesta celebramos hoy, no tuvo miedo de elevar su voz en solitario. Siguiendo las huellas de los discípulos que nuestro Señor envió antes que él, Ninián fue uno de los primeros misioneros católicos en traer la buena noticia de Jesucristo a sus hermanos británicos. Su Iglesia de su misión en Galloway se convirtió en centro de la primera evangelización de este país. Este trabajo fue retomado más tarde por San Mungo, patrón de Glasgow, y por otros santos, entre los que debemos destacar San Columba y Santa Margarita. Inspirados en ellos, muchos hombres y mujeres han trabajado durante siglos para transmitiros la fe. ¡Esforzaos en ser dignos de esta gran tradición! Que la exhortación de San Pablo, en la primera lectura, sea para vosotros una constante inspiración: “En la actividad no seáis descuidados, en el espíritu manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos a la oración” (Rm 12, 11-12).
Me gustaría ahora dirigirme especialmente a los Obispos de Escocia. Queridos hermanos, quiero animaros en vuestra dedicación pastoral a los católicos escoceses.  Como sabéis, uno de vuestros primeros deberes pastorales está en relación a vuestros sacerdotes (cf.Presbyterorum Ordinis, 7) y su santificación. Igual que ellos son un alter Christus para la comunidad católica, vosotros lo sois para ellos. En vuestro ministerio fraterno con vuestros sacerdotes, vivid en plenitud la caridad que brota de Cristo, colaborando con todos ellos, en particular con quienes tienen escaso contacto con sus hermanos en el sacerdocio. Rezad con ellos por las vocaciones, para que el Señor de la mies envíe trabajadores a su mies (cf. Lc 10, 2). Ya que la Eucaristía hace la Iglesia, el sacerdocio es algo central para la vida de la Iglesia. Ocupaos personalmente de formar a vuestros sacerdotes como un cuerpo de hombres que alientan a otros a dedicarse totalmente al servicio de Dios Todopoderoso. Cuidad también de vuestros diáconos, cuyo ministerio de servicio está asociado de manera especial con el orden de los obispos. Sed padres y ejemplo de santidad para ellos, animándolos a crecer en conocimiento y sabiduría en el ejercicio de la misión de predicar a la que han sido llamados.
Queridos sacerdotes de Escocia, estáis llamados a la santidad y al servicio del pueblo de Dios conformando vuestras vidas con el misterio de la cruz del Señor. Predicad el evangelio con un corazón puro y con recta conciencia. Dedicaos sólo a Dios y seréis ejemplo luminoso de santidad, de vida sencilla y alegre para los jóvenes: ellos, por su parte, desearán seguramente unirse a vosotros en vuestro solícito servicio al pueblo de Dios. Que el ejemplo de San Juan Ogilvie, hombre abnegado, desinteresado y valiente, os inspire a todos. Igualmente, os animo a vosotros, monjes, monjas y religiosos de Escocia, a ser una luz puesta en lo alto de un monte, llevando una auténtica vida cristiana de oración y acción que sea testimonio luminoso del poder del Evangelio.
Finalmente, deseo dirigirme a vosotros, mis queridos jóvenes católicos de Escocia. Os apremio a llevar una vida digna de nuestro Señor (cf. Ef 4,1) y de vosotros mismos. Hay muchas tentaciones que debéis afrontar cada día —droga, dinero, sexo, pornografía, alcohol— y que el mundo os dice que os darán felicidad, cuando, en verdad, estas cosas son destructivas y crean división. Sólo una cosa permanece: el amor personal de Jesús por cada uno de vosotros. Buscadlo, conocedlo y amadlo, y él os liberará de la esclavitud de la existencia deslumbrante, pero superficial, que propone frecuentemente la sociedad actual. Dejad de lado todo lo que es indigno y descubrid vuestra propia dignidad como hijos de Dios. En el evangelio de hoy, Jesús nos pide que oremos por las vocaciones: elevo mi súplica para que muchos de vosotros conozcáis y améis a Jesús y, a través de este encuentro, os dediquéis por completo a Dios, especialmente aquellos de vosotros que habéis sido llamados al sacerdocio o a la vida religiosa. Éste es el desafío que el Señor os dirige hoy: la Iglesia ahora os pertenece a vosotros.
Queridos amigos, una vez más expreso mi alegría de poder celebrar la misa con vosotros. Y me siento feliz de poder aseguraros mis oraciones en la antigua lengua de vuestro país: Sìth agus beannachd Dhe dhuib uile; Dia bhi timcheall oirbh; agus gum beannaicheadh Dia Alba. La paz y la bendición de Dios sea con todos vosotros; que Dios os proteja; y que Dios bendiga el pueblo de Escocia.

Presentación

El puente entre la política y las ideas trascendentes ha sido destruido por los vicios de la visión materialista e individualista que hoy invade todos los aspectos de nuestra vida en sociedad. Es por esto que el nombre de este blog busca evocar el mito de la colina Palatina, lugar donde fuese fundada la ciudad de Roma por voluntad divina. Busca restaurar ese puente.

Esta página se propone ser un espacio de discusión de la política en su sentido más rico, pragmático y constructivo. El objetivo es pensar nuevamente a la política como herramienta creativa capaz de transformar y modificar sociedades enteras en todos sus aspectos, atravesando desde la cultura hasta la economía. Urge para los que ansiamos el progreso y el bienestar del pueblo terminar con los axiomas y los conceptos incuestionables de nuestras democracias liberales y atrevernos en un ejercicio intelectual a vislumbrar soluciones para los problemas de la hora.

Creo yo, como editor de esta página, que la economía se ha devorado a la política, lo cual ha vaciado de contenido ético y moral a esta última, minando cualquier posibilidad de construir una Comunidad. Lo que nuestro país y nuestro pueblo necesita no es sólo una revolución económica y distributiva sino una Revolución Moral, la cual estamos todos invitados a pensar.

Diego L. Mazzella,